"Europa debe ser mucho más que un consumidor de defensa"

  • El director ejecutivo de la Agencia Europea de Defensa, Jorge Domecq, dice que la "autonomía estratégica" de la UE atraviesa "un momento crucial".

La Unión Europea (UE) es la tercera potencia militar mundial, situada por detrás de Estados Unidos y China; gasta 13 billones de euros en defensa, la mitad que el país estadiounidense, pero sólo es capaz de disponer sobre el terreno del 15% de los efectivos que despliega el Tío Sam. Con motivo de la crisis de Libia, Estados Unidos pasó a ejercer un liderazgo de retaguardia, dejó que los países europeos fueran los que abriesen paso a los opositores de Gadafi, pero a los europeos nos faltaban aviones de avituallamiento. Necesitamos cisternas en vuelo, ¿pero qué tipo de cisternas? Estados Unidos tiene un único modelo de carro de combate, la UE, catorce; Estados Unidos tiene un modelo de fragata, nosotros, seis. Estas contradicciones ayudan a comprender los objetivos que debe afrontar ahora la defensa europea: no se trataría de lograr una suficiencia absoluta, sino de desarrollar el concepto de "autonomía estratégica", somos aliados de Estados Unidos, miembros de la OTAN, pero además, y en palabras de Jorge Domecq, "no sólo debemos ser consumidores de defensa, también proyectores".

Jorge Domecq es el director ejecutivo de la Agencia Europea de Defensa, instrumento común al mando de la alta responsable de Exteriores y Defensa de la UE, la italiana Federica Mogherini. "La defensa europea vive un momento crucial", indicó ayer este diplomático andaluz en un acto organizado por la Universidad Loyola en Sevilla. Al acto acudieron profesores, alumnos, mandos militares y representantes de la industria, además de la vicepresidenta del Congreso Micaela Navarro.

Este momento es crucial por dos motivos: por la crisis de seguridad que está rodeando el arco sureste de la Unión y por la necesidad de mejorar una industria militar propia y común. Tanto la revolución tecnológica como la necesidad de sortear los ajustes presupuestarios obligan a una cooperación en esta materia. Jorge Domecq puso como buen ejemplo de esto último el A400M que se ensambla en Sevilla, y adelantó otros proyectos de la Agencia Europea de Defensa en la construcción de drones y de aviones cisternas.

Mogherini ya presentó su estrategia global comunitaria, y ahora se trata de avanzar hacia una defensa europea común, con una industria poderosa, y compatible con la OTAN. Hasta ahora, el Reino Unido fue el principal obstáculo. Jorge Domecq no cree que el Brexit sea, en este sentido, un hecho absolutamente negativo, ya que el Reino Unido permanecerá en la OTAN, y opina que las negociaciones que se abran entre el Estado y la UE salvarán importantes asuntos relacionados con la defensa.

Domecq ha cumplido labores diplomáticas en diversos países -Marruecos, Brasil, Italia o Filipinas-, pero buena parte de su carrera se ha centrado en políticas de defensa exterior. Fue el director de gabinete del secretario general de la OTAN, Javier Solana. En el año 2003, hace sólo 16 años, Solana explicaba en el documento de estrategia de seguridad que "en Europa nunca se había conocido un periodo político más sólido". Desde entonces la situación ha cambiado bastante, y sólo basta echar un vistazo a las fronteras sur y este del continente para comprobarlo.

En su conferencia, Domecq lo desgranó del siguiente modo. Los mayores peligros para la seguridad provienen del arco del ISIS (Estado Islámico) en Siria, Iraq y algunos países del norte de África y del Sahel, en especial en Libia. Ello ha supuesto que la Unión Europa tenga que afrontar una crisis migratoria inédita por su magnitud. "Hay 50 millones de personas el norte de África dispuestas a pasar a Europa en los próximos años", indicó Domecq.

A ello hay que añadir que los presupuestos de Defensa de los Estados han disminuido durante la crisis. Un 8% en los de la Europa occidental. Se ha producido una renacionalización de los presupuestos que hay que abrir ahora con proyectos de cooperación. Y, a la vez que los países y la industria deben volver a colaborar, hay una competencia creciente de los países emergentes. Además, ello se conjuga con un menor interés de Estados Unidos por los asuntos europeos, que ya se ha visto con Obama y que llegaría su clímax en caso de una victoria de Donald Trump.

No, no es la idílica situación de aquel año de 2003.

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